Dicen que mis letras están llenas de sombras (*)
Y yo que me callo que la tinta siempre fue oscura; que no todos los viejos llegan a ancianos; que a veces, la vida, simplemente es...
Que la edad no es motivo para el miedo
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Perdón por las molestias. Atentamente,
linmer
Viento.
Es la primera vez. Nunca me había asomado a una mirada sin poder atravesarla. Como cantos de sirena, te arrastra hasta que estás tan cerca que sólo ves naufragios.
Lo peor es que la senectud no impide que la música siga sonando.
-¿Has estado alguna vez en un trigal?
-No, creo que no.
-¿Y si te pregunto si has estado en un campo de amapolas?
-Sí, eso sí.
Mírate bien, la silueta se rellena en el espejo. Los grises toman forma. La luz se apodera de tu mirada. Como cuando amanece sobre las montañas y el frío azul le cede el paisaje al verde. Como cuando se desdibuja la noche de las copas de los árboles, dando motivos para trinar a los pájaros olvidados.
Sales a la calle con la sonrisa renovada. Anoche no dormías sola, sobre la almohada estaban todos esos juegos cómplices que trazamos por turnos. Tus pasos se han vuelto más seguros hoy. Hasta te parece que el chico de la frutería te estaba mirando de reojo. Y, sin darte cuenta, la cintura vuelve a esculpir tu sensual andar.
Volverá la noche, mas no la oscuridad, ya no la dejarás entrar.
Sentado, concentrado en ver que pasa en el mundo exterior a través del silencio de una ventana, tal vez por miedo a asomar la cabeza, mis oídos comienzan a inquietarme, oigo como unos tacones se clavan en el suelo resonando por las paredes, que cada vez se acercan más hacia a mí, y sin poder remediarlo se aparece tu silueta. No es solo mi rostro el sorprendido, paralizados por una nube de recuerdos esperando que algún ruido rompa el silencio. Yo quiero hablar, pero las palabras se hacen tan pesadas que no llegan a mi boca. La mirada no está vacía, pero tampoco se entiende. El estado de petrificación acaba cuando uno de los dos aparta la mirada y todo vuelve a la normalidad, como cuando te encuentras con alguien que crees que conoces, al descubrir que te equivocas, apartas la mirada y sigues con tus pensamientos, piensas que no es nadie, y si lo era? ya no me acuerdo.
En una galería de arte, dos amigos discuten frente a un cuadro impresionista el sentimiento que quería transmitir el artista.
Durante la discusión, un tercer hombre se acerca y les pide que repitan las sensaciones que, dicen, sentía el artista. Los dos amigos, aunque extrañados por la solicitud, le resumen la conversación anterior. Al finalizar, le preguntan al recién llegado personaje a cuál de ellos daría la razón.
A lo que responde:
-En realidad, sólo quería escuchar todas las cosas maravillosas que podría haber sentido cuando pintaba el cuadro.
(Hacía mucho que no me sentía tan vivo)
Blanco, pero no vacío.
Que aproveche.
Han vuelto a nacer palabras que surgen de los verdes campos y se posan sobre las ramas azules de árboles olvidados.
Regresan las sonrisas que se forman al cerrar los ojos frente a la voz ansiada.
Se forman los interrogantes, agridulces y burlones, tan hondos como la ilusión de un niño frente al mar.
Es el sueño de una noche. Una fotografía, tras la ventana, que se asoma a la pureza de la luna.
Y es que no hay calle que no me salpique la memoria, aunque sean imágenes que aún no he vivido.
La música ausente me está destrozando los oídos.
Algún día, el amanecer espesará hasta impregnar de vida los sueños.
Un campo de trigo inundado por la nieve, al fondo una pequeña capilla.
Un cielo gris, amenazante,
ligera llovizna ladeada
y un frío aterrador, cubriendo la fotografía.